Durante la última parte de mi adolescencia comencé a cultivar ideas que iban contra-corriente. El maquillaje no era para mí porque yo tenía y tengo una cara que no necesitaba ni necesito esconder. Así también, me hice enemiga de los rastrillos.
Un día en la playa con mi familia (mi papa, mi mama, mi hermana y yo) andaba bien campante con los sobacos repletos de una jungla de pelo, naturalmente yo. Mi papa me preguntó: ¿Qué es ese pelero que tú traes ahí? Aquí tengo que clarificar que mi papá era de nacionalidad Venezolana. Yo le contesté: ¡Así soy yo! ¡Así me hizo el Universo! ¡No necesito rasurarme! ¡Los rastrillos son para los becerros!
Mi papa me escucho un momento y me contesto con tres palabras: ¨Eso es anti-estético¨.
Fue suficiente para que yo comenzara a rasurarme porque cuando un padre, siendo hombre, te da una opinión tan honesta y directa se le da la razón…
Gracias papá…
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